martes, 19 de agosto de 2014

Escribir

Que qué me relaja? Tienes razón, después de tanto tiempo he descubierto que hay más maneras para relajarse que no sea sólo escribir.
Escribir tiene su lado bueno y su lado malo; y el segundo es que es como hablarle a una pared. A veces viene bien porque necesitas desahogarte, pero cuando esperas una respuesta que sabes que no va a llegar..

Escribir es una tímida manera de afrontar los problemas, las hay más y menos eficaces, pero no siempre es bueno enfrentarse al problema. No digo que la solución sea huir, como Jack Sparrow dice en Piratas del Caribe, sino tratar de no obcecarse demasiado con un mismo problemas.

lunes, 4 de agosto de 2014

Conquistar

¿Sabes?
Siempre hablan de cómo conquistar a una chica, de que hay que hacerlo, y de la mejor manera posible.
¿Pero qué pasa? Que por el simple hecho de ser mujeres, ¿ya hay que arrastrarse por ellas?
¿Y qué ocurre con los que también necesitamos cariño y amor? ¿Qué ocurre con aquellos que lo han pasado tan mal que no tienen fuerzas ara conquistar? Quién los conquista a ellos, eh

Pasado

¿Cómo terminas aceptando tu pasado?
¿Cómo se consigue? De repente ¿te levantas y ya lo has asumido, ya vives con ello?

Ojalá fuera así de sencillo. Nada ha vuelto a ser igual. A veces quiero pensar eso, que ya está olvidado, pero no sé a quién intentó engañar, no soy capaz. Da igual cuando, ya sea en un buen momento o en uno malo, el pasado siempre vuelve, siempre para hacer daño.

domingo, 3 de agosto de 2014

Al filo de la cuchilla

Recuerdo aquellas tardes frías de invierno en las que no dolía el frío, dolían la soledad y ese sentimiento de abonado que recorría mis frías venas, cada día más inertes, cada día más vacías, cada día preguntándose '¿para qué? ¿Para qué llevar algo que tú desprecias, algo que te gustaría no tener, algo que sin ello, se acabaría esa pesadilla que llamas vida?'

Razón no le faltaba, estaba desesperada, estaba sola, sola en el silencio. Nadie escuchaba mis gritos. Eran gritos mudos, gritos de silencio desde la soledad. Grité y grité hasta que me quedé sin fuerzas, hasta que mi cuerpo y mi mente dijeron basta. Estuve días entre el filo de la cuchilla, y si sigo aquí es que la cuchilla decidió bien por mí.