domingo, 3 de agosto de 2014

Al filo de la cuchilla

Recuerdo aquellas tardes frías de invierno en las que no dolía el frío, dolían la soledad y ese sentimiento de abonado que recorría mis frías venas, cada día más inertes, cada día más vacías, cada día preguntándose '¿para qué? ¿Para qué llevar algo que tú desprecias, algo que te gustaría no tener, algo que sin ello, se acabaría esa pesadilla que llamas vida?'

Razón no le faltaba, estaba desesperada, estaba sola, sola en el silencio. Nadie escuchaba mis gritos. Eran gritos mudos, gritos de silencio desde la soledad. Grité y grité hasta que me quedé sin fuerzas, hasta que mi cuerpo y mi mente dijeron basta. Estuve días entre el filo de la cuchilla, y si sigo aquí es que la cuchilla decidió bien por mí.

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