sábado, 28 de noviembre de 2015

Cicatrices (V)

San Ignacio de Loyola recibió un cañonazo en combate hace muchos, muchos años. Tuvieron que operarle, sin anestesia por supuesto, para curar las heridas. Después de todo el proceso de curación, se dieron cuenta que la operación no había salido también como esperaban y había quedado una pierna más larga que la otra. 

Os preguntaréis por qué os estoy contando esto, pero es que si San Ignacio quería volver a andar normal, tendría que superar una operación aún más dura de la que le habían hecho ya. No se lo pensó dos veces y dijo que quería volver a andar normal.

El daño no estaba por fuera, el daño había quedado atrapado dentro. Su situación era infinitamente peor que la de nadie que conozco, pero el daño era reversible con una dura y larga operación. Sin embargo, muchas veces, son más difíciles de llevar las curas que no se ven, que no son físicas, que no se solventan con una operación.

Ojalá sí que fuera así y con una sola cura se pudiera cambiar todo el desastre; sé de más de uno que pagaría lo que fuera por esa cura, pero no la hay y no la va a haber.

Tampoco hay ninguna pastilla que vaya a conseguir que esas cicatrices desaparezcan, son tuyas y están ahí para recordarte los motivos de tu lucha, para recordarte que eres fuerte y que la rendición no es solución. 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Malo es

Malo es el día en el que te empiezas a preguntar los por qués de tu vida: por qué actúas de una manera tan concreta en tu vida, por qué no haces las cosas de manera diferente, por qué no eres diferente a cómo eres, por qué piensas de la manera en que lo haces y no de una diferente...

Malo es porque te preguntas si todo lo que haces y piensas es lo correcto, sin embargo, solo tú puedes responderte a esa pregunta.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Nadar a contracorriente

Nadie se lo plantea, nadie. ¿Para qué? Para nada porque es demasiado difícil como para que se pueda lograr. No hay nadie capaz, ni lo suficientemente valiente, como para hacerlo.
¿Nadar a contracorriente? Menuda tontería, estoy mucho mucho mejor sentado en mi sofá que intentando cambiar un mundo que yo sé que no puedo cambiar. ¿Cómo una sola persona podría cambiar para bien este mundo de mal en el que estamos?

Vivimos en una sociedad en la que la que generalizar está al orden del día. 
¿Que no? 
No tienes más que mirar el anterior párrafo y encontrar nada menos que tres 'nadie'. ¿Acaso eso no es generalizar? ¿Y qué hay acerca de truncar esos sueños con unas simples palabras? No había terminado el párrafo y ya te estabas imaginando tan a gustito en tu sofá.

Porque nadar a contracorriente no son una serie de hechos que se hayan llevado a cabo o no, es una actitud; una actitud que pasa a ser el motor de todos hechos, una actitud que tire hacia delante aun cuando ni tú mismo puedas hacerlo.

Y sí, puede que una sola persona no sea capaz de cambiar el mundo, pero de las personas se aprende y una actitud no es difícil de demostrar. No se trata de convencer a nadie, sino de demostrar que si se puede se quiere.


Cuando alguna vez tenemos que afrontar algún compromiso que parece imposible, el truco suele estar en plantearse pequeñas metas para así ir llegando cada vez más cerca del objetivo.
Así que sí, tú no puedes cambiar el mundo, pero sí puedes cambiar a tu mundo. No puedes conseguir que deje de haber hambre o pobreza en el mundo, pero sí puedes tratar de mejorar tu entorno y hacer de tu mundo un mundo mejor.

No dejes de sentirte grande por el hecho de que se generalice, porque si tú quieres ser grande y lograr grandes cosas, depende solo de ti.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Te quiero: la muerte no es el final (II)

Se ha ido, sí, pero la pérdida aumenta en tamaño y dolor conforme te das cuenta de que importa mucho menos de lo que te está importando a ti.


'Una mala noticia pero ya está, hay que tirar delante, ánimo que tú puedes'.



Sé que no hay palabras para momentos tan tristes, ni cuando se vive desde un lado ni desde el otro, porque nada va a llenar ese hueco que deja alguien al irse.


Sin embargo, creía que tampoco nada podía ahondarlo más aún, pero sí que se puede.


La indiferencia es lo que más duele. Qué diferente es tratar de afrontar una pérdida junto con quienes también lo echan o la echan de menos, a afrontarla cuando da la sensación de que a nadie le importa ya.


No solo se ha ido, sino que se lleva consigo recuerdos y vivencias que forman parte de ti por lo que se lleva una parte de ti.


Siempre se llevan una parte de nosotros, aunque no queramos aceptarlo.







jueves, 19 de noviembre de 2015

Cicatrices (IV)

Solo sabes que no te queda mucho que perder ya, que lo que pasó es difícil que se supere y que cualquier cosa será mejor que aquello. El problema es que son precisamente estas cicatrices que ahora miras las que te han llevado al pozo sin fondo del que no sabes cómo salir. 

Y ves, en cambio, que el tiempo no se para y que el mundo no te espera; que nadie va a tenderte la mano, ni va a saber cuándo estés peor que mal; tampoco nadie va a venir a darte un abrazo, ni a lanzarte una cuerda, ni mucho menos sacar a bajarte.


Llegados a este punto te preguntas muchas cosas, cosas como por qué pasó todo lo que pasó, o mejor dicho, que cómo pudo llegar a pasar todo lo que pasar, y fallarte quien te falló.

Durante mucho tiempo se creyó que ya había pasado, pero no todo había pasado, ni todo ha pasado. Que por fuera puede parecer que ya está perfecto, pero que precisamente son esas cicatrices las que te han enseñado que no debes creerte algunas cosas de alguien que las tenga, cosas como sus "estoy bien". 



martes, 17 de noviembre de 2015

Te quiero: la muerte no es el final (I)

No hay palabras para despedir a quien se ha marchado sin previo aviso y no has podido despedir en condiciones. Quizá eso es lo más duro.

Si no hay mil palabras que describan una imagen, no hay un millón que describan lo que se siente cuando pierdes a alguien. No es solo la pérdida sino también el vacío que te deja en el corazón la marcha que ya no tendrá retorno.

Ahora cobran sentido frases como "no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes" o "mil lágrimas no te traerán de vuelta, lo sé, lo sé porque las lloré".

La impotencia que se siente cuando no puedes hacer nada y ni si quiera las palabras expresan lo que sientes, tampoco es descriptible.

Hay noticias que no se deberían dar, por lo difíciles que son de decir y por lo insoportables que son de recibir, pero las cosas pasan y hay que rehacerse a ellas por muy complicado que resulte. Hay que tener tranquilidad y calma, y por difícil que sea de afrontar, comprender que el tiempo es un aliado que juega a veces en tu propia contra.




miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cicatrices (III)

Las cicatrices que más duelen no son las que se ven, son las que están por dentro. Una cicatriz, en el fondo, es el recuerdo, la marca de que ahí pasó algo. Conforme mayor sea la cicatriz, significa que mayor fue lo que ocurrió. 

Hay veces que basta con deslizar los dedos por una de ellas para imaginar qué pudo pasar. Cuando pasas los dedos te transportas al momento exacto en que aquello ocurrió. A veces lo que se siente son escalofríos, otras veces se siente orgullo, todo depende del origen de la herida..

Esas cicatrices son las que deben recordarte quién eres y hacia dónde vas, porque sabes que de donde vienes solo traes malos recuerdos y duras cicatrices.
Crees saber hacia donde vas, pero no sabes qué vas a encontrar, y eso es lo bonito de la vida, que no sabes qué te va a deparar el destino.


lunes, 9 de noviembre de 2015

Lo siento

Me gustaría que la entrada de hoy fuera diferente y que se viera que está cargada de sentimiento y de sinceridad.

Desde hace ya tiempo nada ha vuelto a ser lo mismo. Fue una sucesión de sucesos mal sucedidos la que desembocó en el desastre que ninguno avecinábamos. Es triste que algo acabe, pero más triste me resulta ver la forma en que todo lo hizo.

Odio, venganza, ternura, añoranza, soberbia, cariño, tristeza... Muchos sentimientos han pasado desde entonces y supongo que cada uno justificado, pero no he venido a hablar de eso. 

Lo que me gustaría que quedara claro aquí hoy es que siento que todo terminase así, que siento haber actuado como lo hice, que siento haber decepcionado a tanta gente y sobre todo, siento haber hecho daño a otra tanta. 

De los errores he aprendido, y preferiría no haberlo tenido que hacerlo, preferiría no haberla cagado, pero lo que pasó pasó y no hay por qué hablar de ello.

Sin embargo, algo dentro de mí quería que se supiera que siento lástima por cómo ocurrieron las cosas y que siento tantas y tantas cosas que han pasado que no tienen aquí cabida. 

Los que de verdad me conocen saben que no puedo tener malos rollos con nadie, que en mí naturaleza como persona no encajan, y me gustaría afirmar que nadie será la excepción.

Solo tres palabras: gracias y lo siento.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Un banco

Sentado en un banco estas palabras se escriben solas,
tanto tiempo después, en el mismo sitio del que salí, en el mismo sitio que me vio partir.

Sentado en un banco tantas horas viendo la vida pasar, creciendo, ganando y aprendiendo.

Si mirando unas cicatrices en transportaba, estar aquí es el billete hacia el pasado, hacia tanto tiempo atrás, hacia tantos recuerdos, hacia tantas historias.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Tu vida

Y es en días como los de hoy cuando comprendes la importancia real de tus problemas.

Una vez escuché una frase que decía algo así como que el problema de pasar un límite era dónde volver a poner el límite.

Muchas veces pecamos de eso, pero otras pocas lo hacemos a la inversa, sin llegar al límite. Le damos demasiada importancia a problemas que no la merecen y los situamos en nuestro límite; límite emocional, límite sentimental, límite profesional, límite personal...

¿Qué pasará cuando llegue el día en el que llegue un problema que de verdad supere ese límite?

No vengo a decirte que tus problemas no son importantes, ni que no les des importancia; vengo a decirte que vida tienes una y que la aproveches al máximo.
Solo tú sabes sabes cómo es tu vida, pero piensa si podrías vivirla mejor, sin preocuparte menos y divertirte más, llorando menos y sonriendo más.

martes, 3 de noviembre de 2015

Cicatrices (II)


Cual libro escrito en braile, se podía leer con el tacto, no eran para nada necesarios los ojos.

Como si fuera una de esas películas o series, cuando la chica recorre la espalda desnuda del protagonista preguntándole acerca de sus cicatrices, sus heridas de guerra. El chico, con actitud chulesca y semblante serio, dice solo el título del recuerdo que le quedó marcado en la piel, título coincidente con el nombre de algún país.

Una sola palabra no sirve para nada. Aquello que no vemos el corazón no lo siente. Si no lo imagina, no lo teme; y si no se lo narras, no lo sufre.

"Cuántas historias hay detrás de esa cicatriz", debe pensar el que fue militar, "y qué poca justicia al limitarme a contarle qué pasó. Todo lo que pasó por mi mente, todo lo que se sufrió, todo lo que se sufrió en silencio...

De aquello solo quedan dos cosas, una cicatriz y un recuerdo. No sé cuál de los dos dolió más."

'Historias escritas en braile, de un chico cualquiera que teme que el día que muera no le importe a nadie.'