No hay palabras para despedir a quien se ha marchado sin previo aviso y no has podido despedir en condiciones. Quizá eso es lo más duro.
Si no hay mil palabras que describan una imagen, no hay un millón que describan lo que se siente cuando pierdes a alguien. No es solo la pérdida sino también el vacío que te deja en el corazón la marcha que ya no tendrá retorno.
Ahora cobran sentido frases como "no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes" o "mil lágrimas no te traerán de vuelta, lo sé, lo sé porque las lloré".
La impotencia que se siente cuando no puedes hacer nada y ni si quiera las palabras expresan lo que sientes, tampoco es descriptible.
Hay noticias que no se deberían dar, por lo difíciles que son de decir y por lo insoportables que son de recibir, pero las cosas pasan y hay que rehacerse a ellas por muy complicado que resulte. Hay que tener tranquilidad y calma, y por difícil que sea de afrontar, comprender que el tiempo es un aliado que juega a veces en tu propia contra.
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