Con el tiempo comprendes que lo bonito no son los restaurantes, ni sus suculentas comidas; ni los paisajes, ni sus preciosas vistas; ni esas interminables playas con sus tan enternecedores paseos; ni esas fotografías que plasman los mejores lugares, ni todos los recuerdos que provocan verlas.
Con el tiempo comprendes que lo bonito es empacharte con esa persona con la que cenas; que lo bonito es dar esos paseos, con carreras incluidas, de la mano de esa persona; que lo bonito no es ver esos paisajes, que lo bonito es disfrutarlos entre los brazos de esa persona, y que lo bonito no son los recuerdos sino las locas ideas de volver a vivirlos, por supuesto, con tu persona especial.
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