Desde niño había escuchado esa leyenda de aquel individuo que objeto tocaba, objeto que se convertía en oro. Él más bien se consideraba lo contrario, y lo sigue haciendo. Piensa que si el mal existe, lo lleva dentro; que aquello a lo que se acerca, termina pudriéndose y no sabe cómo poner fin a esta insoportable situación.
El miedo recorre sus venas. Cuantas menos decisiones tome, menos daño hará, o eso es lo que piensa. El tiempo será el encargado de corroborarlo.
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