sábado, 7 de junio de 2014

Aquellos días

Recuerdo aquellos días duros de diciembre: frío, lluvia, viento, hielo... pocas sensaciones hay mejores que la de llevar un buen rato esperando al bus con un frío que cala los huesos, y al subir, que la calefacción y todo su calorcito se impriman en ti en cuestión de segundos.

Esa sensación de sentirse a salvo, tranquilo, como en casa.

Es de noche, ya estás en tu particular refugio, nadie te dice nada, nadie te molesta. Deseas que momentos así no se acaben nunca; no son momentos increíblemente buenos, pero no son malos, y eso te basta.

Son días importantes sólo para el calendario porque a nadie le importan. Son días transitorios cuyo fin único es que se pasen rápido para que desaparezca el frío y lleguen las vacaciones.

Pocos os dais cuenta de que esos días dan vida, de que esos días son las vacaciones de algunos porque es ahí cuando se sienten vivos, cuando nadie les molesta, cuando nadie les ve.

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