Dicen que la gente con ojos marrones retransmite mucha más confianza que el resto de las personas.
Cuando te miro, cuando miro tus ojos, lo primero que veo es el precioso color pardo que los inunda. Y me pierdo, lo reconozco. me pierdo en ellos como si de un desierto se tratara. Sin embargo, tras un rato caminando por ese desierto, llego a un oasis, a tu oasis, al de tus ojos.
Dicen que los ojos son las ventanas de alma, por eso me gusta mirar los ojos de todo el mundo. Hay miradas que lo dicen todo, y miradas que no dicen nada. La tuya es especial, no es de ninguna de las dos, o mejor dicho, de las dos. Hay días que te miro y me pierdo en lo más profundo de tus ojos, pero no me encuentro. Por el contrario, otros días me bastan segundos para saber qué tienen tus ojos que contarme, como si de un libro abierto se tratara.
Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, y lo cierto es que yo jamás había tenido algo así, pero sí sé que no quiero perderlo.
¿Algo así? Te estarás preguntado.
Sí, algo así. Unos ojos a los que cuando miro... cuando te miro a los ojos haces que me sienta en casa, como si no tuviera nada de lo que preocuparme nunca más.
Dicen que... No. Basta ya, ahora digo yo: y si tus ojos me hacen sentir eso ¿qué te parece si no te vas nunca?
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