Siempre pasa lo mismo; empieza sonando en la radio, en una fiestecilla, o simplemente la escuchas por casualidad. Según la vas escuchando sabes ya en qué grupo la meterás, si en el de las que no te llaman la atención, las que molan, las que te hacen 'tilín', o las que te enamoran. Es este último grupo al que van tan solo las mejores, las que nada más escuchar sus primeros compases sabes que te han calado hondo. No suelen venir muy a menudo, pero cuando una llega ya tienes motivo para estar feliz durante un buen tiempo. Es el mejor grupo, sin duda.
Y es curioso porque las primeras veces que la vuelves a sentir en lo más hondo de ti, comprendes que te gusta más y más.
No puedes parar de oírla, no quieres hacerlo, y buscas cualquier momento para poder volver a escucharla. Habéis conectado y das gracias al cielo por haber coincidido.
Durante esos primeros días no hay lugar para el miedo, no temes si quiera al pensar en la cantidad de veces que la escuchas. Eso significa que las cosas no van mal, nada mal. El problema viene cuando al cabo de los días.
Hay cosas que no se pueden explicar porque sencillamente se sienten y punto. Ese pensamiento de que que da igual cuántas veces la escuches porque no te cansarás de ella... Ese sentimiento.
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