Aún recuerdo los propósitos con los que escribía las entradas en mi primer blog, hace ya más de tres años.
Un chico que solo quería cambiar el mundo intentando cambiarse a sí mismo y a los que estaban a su al rededor.
Con mucho más cariño aún, si cabe, recuerdo el día en el que alguien, ejerciendo su derecho al anonimato, comentó una entrada diciendo que tanto le había gustado que hasta la había impreso y se la había puesto en su habitación.
De eso iba el primer blog, de sonreír con o sin sentido, con o sin intención, de no parar de hacerlo y de contagiar esas sonrisas. De conseguir que los problemas resultaran ser menos de lo realmente eran, y poder vivir con menos preocupaciones y más libertad.
Supongo que la idea desistió tan pronto como me di cuenta de que no servía para nada. No hay nada que me desanime más, y no lo digo solo por aquello que me pasó a mí, que ver como el esfuerzo de alguien pasa totalmente desaparecido.
Me desanima porque ves como la llama interior que hace que todo carbure se va apagando, y con ella la persona en la que reside.
En parte, me recuerda a las primeras temporadas de Will Schuester en Glee, cuando él lucha por su ilusión, por conseguir que sus chicos triunfen, y con triunfar me refiero a lo que terminan consiguiendo dentro del propio Glee club.
Nadie daba un duro por él, su llama se apagaba, la bruja de su esposa incluso le increpaba, quería que lo dejara, ella odiaba al Glee club, pero Will, contra viento y marea, y a base de perseverancia y esfuerzo, lo consiguió.
¿Por qué me hablas hoy de esto? Te estarás preguntando.
Hoy he comprobado que hay gente así, que queda gente buena, gente con corazón, gente que aunque no tuviese un blog con dieciséis años, luchaba y lucha por ser justo y hacer felices a los demás.
No por el resultado final de hoy, sino por cómo ha sido conmigo; por eso soy feliz hoy, porque me ha ilusionado ver a alguien así. Él ha encendido de nuevo mi llama.
Hace mucho, mucho tiempo alguien me dijo una frase que, sin tapujo alguno te confieso, me salvó la vida; me dijo que cuando estuviera triste, que cuando no viera ningún motivo por el que luchar pensase en todas esas cosas que me habían hecho luchar hasta ese momento, que pensase en toda esa gente que estaba a mi lado aunque yo lo no supiera o no quisiera verlo. Me dijo que pensase en todo lo que me quedaba por ver, sentir y vivir. Me salvó.
Hoy sueño con poder recordar siempre con la misma intensidad, esa intensidad que hoy me ha dado la vida, que de verdad hay gente ahí fuera que merece la pena, y que por ellos debe seguir mi llama encendida mucho, muchísimo tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario