martes, 13 de octubre de 2015

Mancharse las manos

De montar en bici aprendes cuán duro que es subir una montaña y lo rápido que se puede bajar.

Que eso es equiparable a muchísimas cosas; que si quieres bajar muy rápido corres el riesgo de caerte e incluso hacerte mucho, mucho daño; que aunque bajes con mucha prudencia, puede haber algo en la carretera que haga que te caigas.

También aprendes que durante la subida habrá gente animándote pero nadie sufre contigo y mucho menos por ti.
Sin embargo esa gente que te ve pasar, que duda de tus capacidades e incluso las critica, te esperarán en la línea de meta, orgullosos de haber estado siempre a tu lado, 'siempre', apoyándote.

Tampoco estuvieron a tu lado mientras te deslomabas entrenando, ni cuando vinieron los bajones. Ni te ayudaron a cambiar las ruedas cuando pinchaste, ni te fueron a visitar al hospital cuando te caiste.

En las buenas todo el mundo está ahí, pero en las malas... Qué fácil es aplaudir cuando todo sale bien y qué difícil mancharse las manos.

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