jueves, 27 de febrero de 2014

Con el agua al cuello

Abres los ojos, con lentitud, todavía es demasiado temprano.
-Otro día más..- piensas.
Lo primero que se te pasa por la cabeza es qué pasaría si no te levantases de la cama en todo el día, pero rápidamente se desdibuja de tu cara esa sonrisa pícara cuando te das cuenta de que ya llegas tarde...

Te vistes rápido, apenas desayunas y sin si quiera pensarlo, ya estás sumergido de lleno en esa rutina a la que llamas vida.

¿Paciencia?  Es un concepto que no encaja del todo bien en tu forma vida. Día a día, el agua que poco a poco va subiendo te ahoga un poquito más.

No sabes qué ocurre, ni si quiera sabes si ocurre algo. No lo entiendes, no te entiendes. ¿Qué está pasando?

Empiezas a darte cuenta, al fin. Dale las gracias a todos esos golpes que, a cada momento que pasa, te hacen más fuerte.

Eres dueño de ti, de lo que quieras hacer, de lo que vas a hacer, así que no te rindas todavía. Tú puedes hacer que eso cambie, sólo depende de ti.

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