Y cuán triste fue el momento en el que te diste cuenta de que ya no te quedaba nada, ni nadie.
Tuvo que pararse el mundo para que lo terminaras de comprender. También se les paró a tus padres, y quizá a alguien más, pero a pocos más. La tristeza se reflejaba en el rostro de aquel que pensaba en ti, pero a nadie se le había ocurrido prestar un mínimo de atención antes.
Tal vez, si todo esto hubiera sido una película y tu papel el protagonista, te hubieran dado un Goya, un César, un Óscar, da igual cuál, los hubieras ganado todos; pero nadie se fijó, a nadie le importó si estabas actuando o no.
Y cual burbuja que se infla sin parar durante un largo tiempo, explotó. Aquí estamos, tú, yo y los recuerdos. Pasará el tiempo y nadie te recordará, pero eso ya da igual, no es ahora cuando tienen que estar así, ya es tarde. Ahora estás conmigo, y nada te separará de mi lado.
Firmado: la soledad.
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