Oscurece. Estás sentado en la playa. Se va haciendo tarde. Pero sigues ahí, inmóvil. Nada te priva de esas preciosas vistas.
El horizonte parece un lienzo sacado de la mente del mismísimo Monet.
Mientras los minutos pasan, tú no apartas la mirada del horizonte. A cada segundo, algo se mueve en tu interior, algo está cambiando. Un instante tras otro escudriñas fijamente lo que ese maravilloso cuadro trata de retransmitir.
Al fin te das cuenta. Algo ha cambiado, no sabes si ha sido dentro de ti, pero ahora lo ves claro. Fuera o dentro, una luz lo ilumina todo.
-¿La luna?- Piensas.
Es demasiado temprano, la luna aún no está preparada para salir. No sabes lo que es, pero sabes que es lo que estabas esperando, ese atisbo de esperanza que hiciera del atardecer, un paisaje mucho más bello.
Tal vez sea esa la señal que buscabas para tratar de plasmar esa preciosa imagen sobre el lienzo que Monet nunca fue capaz de pintar.
No fue capaz porque ese horizonte... ese horizonte es sólo tu tuyo.
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