sábado, 22 de febrero de 2014

Fotografías

Entré en su cuarto. Todas las paredes estaban forradas por innumerables fotografías. Muchas eran de los lugares que ya había visitado y otras eran de los lugares que quería visitar.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue ese enorme mapa del mundo que tenía lleno de chinchetas de diferentes colores. En virtud del color de la chincheta, mayor prioridad tenía el destino.

El azul era el de mayor prioridad. Sólo había un par de sitios que ansiaba conocer por encima del resto.
Me miró. Recuerdo aquella mirada porque fue especial. Me miró fijamente, queriendo decir tantas cosas, pero no, no dijo nada, No abrió la boca, ni parpadeó.

Desde que le detectaron leucemia hace casi un año y medio se prometió que jamás dejaría de luchar, que no se fallaría, pero su cuerpo se estaba diciendo basta, no daba para más.

Cualquiera podría decir que esa mirada cargada de rabia, impotencia, dolor y tristeza podía significar su rendición, su punto y final, pero muy lejos de ello, lo que sus preciosos ojos verdes reflejaban era esa ilusión, su ilusión plasmada en las fotografías de su cuarto, y en las chinchetas pinchadas en todos y cada uno de los destinos.

Porque no, no se había rendido, todo lo contrario. Seguía luchando, a su manera, pero seguía luchando.

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