Y claro que lo echa de menos: echa de menos ser el centro del mundo de alguien, echa de menos ser el mundo entero de alguien y echa de menos ser la prioridad ese alguien.
Echa de menos no tener miedo, echa de menos sentirse libre, echa de menos actuar sin pensar en las consecuencias, echa de menos hacer sentir especial a alguien, echa de menos los detalles que sacan sonrisas pero más aún echa de menos tener esos detalles con alguien y ser el motivo de esas sonrisas.
Echa de menos sentirse a gusto con alguien, sin preocupaciones, como en casa. Echa de menos abrirse y no tener miedo a que le juzguen ni a que le traicionen. Echa de menos las pelis con manta y palomitas, echa de menos esos momentos en los que lo único que preocupaba era cómo hacer más feliz al otro porque todo giraba en cuanto al otro. Echa de menos que todo gire en cuanto al otro. Echa de menos que los gestos sean sinceros y que no oculten sentimientos, palabras o sencillamente, pensamientos. Echa de menos la espontaneidad, la tranquilidad y paz que es capaz de retransmitirse a sí mismo cuando no echa nada de menos.
Echa de menos sentirse querido, echa de menos esas miradas y esas sonrisas cómplices. Echa de menos las caricias tiernas y los abrazos que le daban la vida.
Echa de menos muchas cosas, pero lo que más echa de menos es sentirse especial.
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