Se levantó como cualquier otro día: con resaca después de una ajetreada noche.
-¿La mejor solución para la resaca?- Se preguntó por dentro mientras sonreía y sacaba algo del bolsillo. -Seguir bebiendo.-
Salió dando tumbos de su casa y se dispuso a ir a trabajar. Era electricista, pero como no todos los días había trabajo, quedaba con los amigos hasta que alguien le reclamaba. Fumando, bebiendo y poniéndose, así vivía, esa era su rutina.
-Ey Ron te está sonando el móvil- Le dijeron. Al fin le hicieron salir de su ensimismamiento.
-Voy- dijo con desgana.
Llegó poco después, y cuando lo hizo se dio cuenta de que tenía que desconectar la red eléctrica, pero algo salió mal.
Lo siguiente que recuerda es levantarse hecho polvo en la cama de un hospital. Le costó orientarse, pero en seguida entraron dos personas con bata blanca, guantes y mascarillas.
-Ron, ¿sabe por qué está aquí?- Le preguntó el hombre.
Ron estaba desorientado, no tenía ni la menor idea de por qué estaba allí, pero su orgullo y su desconfianza hacia las personas con bata en general, le impulsaban a irse de ahí cuanto antes. Se levantó hecho una furia con intención de desaparecer de allí en cuestión de segundos. Pero en cuanto puso el primer pie en el suelo se dio cuenta de que las cosas no iban bien.
-Una persona normal tiene entre 500 y 1500 glóbulos blancos.. usted tiene 9. Me extraña que aún siga con vida-.
Ron no cabía en su propio ser, no era capaz de entender lo que estaba pasando.
-¿Eso qué coño significa?- Preguntó con desdén.
-Si yo fuera usted- respondió el hombre de la bata -trataría de arreglar todos mis asuntos. Está infectado del virus VIH, le quedan unos treinta días. Lo siento.
Dicen que una de las fases de una enfermedad terminal es la negación, es por lo que estaba pasando Ron en ese momento.
-¡Imposible, eso es para los maricones!- argumentó él.
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