lunes, 22 de diciembre de 2014

Sus ojos

Cada vez que conozco a alguien me fijo en sus ojos. No en el color, ni en la forma, ni si son grandes o son más pequeñitos... ni si quiera sé cómo explicar qué retransmiten esas primeras miradas, pero lo significan todo.

Ninguna, ninguna se me resiste. Son como libros abiertos, algunas no quieren ser leídas, otras no saben el poder que posee una simple mirada, otras sencillamente están ausentes. Es que ninguna, nunca se me había resistido una.

Hasta que un día apareció ella... ella fue la excepción. Sus ojos no fue lo primero que miré, algo me atrajo mucho más. No era un libro abierto porque no tenía ojos para sus ojos, sólo para su sonrisa, y es lo más parecido que he visto al paraíso.

Pasó el tiempo, y su sonrisa no paraba de eclipsarme. Un día, algo falló. Ese día no sonreía. Le miré fijamente a los ojos y me devolvió la mirada durante unos cuantos segundos. Al fin tuve la oportunidad de intentar interpretarla, de leer ese libro, al que tantas ganas le tenía. Pero por si fuera posible, me sorprendí aún más, porque no pudo ser. Me dejó atónito, no supe leerla.

Para mí, no había más que un idioma en esto, sin embargo su mirada era totalmente diferente a la del resto. No sabía si reflejaba tristeza o pena, alegría, entusiasmo, melancolía, ilusión, sorpresa... No tenía la menor idea. Parece mentira, pero es que realmente no tenía ni idea.

Lo que para cualquier otra persona me hubiese implicado cinco o diez segundos de traducción, para ella, después de segundos y segundos de miradas que rezaba por qué no acabasen, después de meses, después de cientos y cientos de miradas, está siendo una eternidad que no termina.

¿Lo mejor? Que aún no sé ni de qué color sin sus ojos.

Me pregunto si algún podré leer ese libro. Llega un momento en el que el resto ya no tienen importancia, pierden interés, solo existen sus ojos, y cómo no, su inconmensurable sonrisa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario