Érase una vez un general, veterano de guerra. Era un buen general, querido y admirado por todos, pues ganaba batallas, e incluso cuando parecían estar perdidas él tiraba de casta y valor y no se rendía hasta que conseguía lo que quería.
Sin embargo en ocasiones, el veterano militar mantenía una lucha mucho más dura que la que vivía en cualquier campo de batalla, una lucha contra sí mismo. Esa era la única batalla que de verdad le ponía contra las cuerdas. Apesar de ello, con el paso del tiempo aprendió que por muy veterano que fuera, por muchas medallas que le hubiesen colgado al cuello o muchas batallas que hubiera ganado, si él no salía y motivaba a sus hombres, no ganarían las batallas. De allí aprendió que nunca puedes rendirte por mucho que tu guerra sea interior, porque si el general no hubiera dado la talla en los momentos clave, nadie lo hubiese hecho.
domingo, 1 de marzo de 2015
Una batalla más
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