lunes, 17 de marzo de 2014

Con precendentes.

Y finalmente se volvieron a ver. Probablemente el reencuentro más emotivo que he visto. No hubo reproches, ni si quiera hubo palabras, sólo lágrimas y abrazos.

Sus lágrimas eran las más sinceras que jamás habían recorrido sus pálidos rostros. Eran dos desconocidos con recuerdos en común, o dos conocidos que se seguían amando con fuerza a pesar de todo lo que había ocurrido.

Quizá sus caminos se habían separado, pero eso no quitaba todo lo que habían vivido juntos. Eso jamás nadie será capaz de quitárselo, es suyo, y es imborrable.

Aquellos momentos juntos, aquellas suaves caricias que ponían la piel de gallina, aquellas tardes frías de invierno en las que lo que menos importaba era la temperatura, sino que al fin estaban juntos.

Todo aquello pasó por sus mentes mientras eran las lágrimas quienes se encargaban de demostrar la veracidad y la crueldad del momento. Un momento que ninguno será capaz de olvidar nunca, porque se querían, y se siguen queriendo.

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