martes, 25 de marzo de 2014

Cuando empecé a quererte

Puedo empezar todo esto diciéndote lo mucho que te estoy echando de menos,
pero creo que es mejor decirte cuánto te quiero:

Empecé a quererte la voz, 
como se quieren las cosas intocables que nunca se dejan querer
-como se tocan las cosas que nunca se podrán querer-
Más tarde me atraparon tus ojos y encontré una manera exacta de querer esa caída donde me pido tropezar una y otra vez.

Tus manos... 
Qué suerte tiene todo lo que está en el aire que consigue colarse entres tus dedos. Aprendí a quererte las uñas con tal de que no te las volvieses a morder.
Me perdí en tu pelo de una manera... Que ahora cuando me busco, me voy a encontrar allí. 
He aprendido a quererte cada ondulación de vello, cada matiz de tu color, cada acabado que roza tu trasero. Y he de reconocer, que ahí, es donde más me pierdo.
Te he querido y te quiero cada centímetro de piel, cada lunar desordenado de tu vientre, el centro de mi universo que se encuentra debajo de tu pecho izquierdo. Cada cruce de venas, cada arteria, cada derroche de sangre y de letras.
Te he querido las heridas que nunca dejarán de doler.
Te quiero los rasguños de hoy y te querré las cicatrices que harán de tu cuerpo un mapa donde poder buscar ese tesoro tan preciado que se dedica a bombear sin pensar en el efecto que crea en los demás.
Me he acostumbrado a quererte desde la primera vez que te vi sin verte, que no fue en mis sueños porque ya sabes lo mal que se me da conjugar ese verbo. Pero puedo decirte que la primera vez son todas las veces que te tengo.
Te quiero siempre porque siempre no existe y nunca te he dejado de querer desde que empecé a practicarte. El infinito tiene envidia de nuestra suerte, y ahora me pide tu número para llamarte y salir a tomar algo. 
Lo que no sabe el mundo, es que no le coges el teléfono a desconocidos, por eso no me respondiste la primera vez y tuve que ir a tu encuentro.

Qué suerte encontrarte pronto, deprisa, lento y rápido a la vez.
Qué suerte poder expresarme y haberte dicho cuánto te quiero...
Porque ya lo sabes... Que lo que te quiero no es, ni la mínima parte, de todo esto.

                                                   Alejandra Sáiz

No hay comentarios:

Publicar un comentario