Recuerdo las veces que deseabas no estar aquí. No te atrevías a dar el paso, te daba miedo, pero preferías no estar aquí.
El miedo recorría tus venas. Todo era miedo, todo.
Inseguridad, pánico, tristeza... pero sobre todo miedo: al más allá, al cómo, al por qué..
Era una decisión a la que llevas tiempo dando vueltas, sabiendo que no lo ibas a hacer, pero pensando en qué pasaría.
Había motivos, muchos, que sólo te hacían ver una salida... aún no comprendes que eso no era una salida válida.
Una vez dijiste que la clave de tomar decisiones se encuentra en sopesar las consecuencias, y en a quién y cómo van a afectar esas consecuencias.
Aún pienso en las razones que te llevaron a actuar así. Quizá superaste el miedo, no lo sé.
Y para que negarlo, te has ido y sigo sufriéndolo, en silencio, porque ya no queda nadie.
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